A mi padre siempre le gustó el box. Yo no entendía por qué se ensimismaba viendo a dos hombres pelear con los puños envueltos. Me preguntaba "¿a cuál le vas?" y yo siempre elegía el boxeador con los mejores pantaloncillos: nunca acertaba. "Va a perder" me decía mi padre, y siempre tenía razón.
Todos lo sábados lo veía sentarse frente al televisor con una cerveza Corona. En ocasiones gritaba improperios. En otras sólo observaba, callado, analizando los movimientos pugilísticos. Yo sólo veía a dos changos darse con todo y me fastidiaba estar viendo una pelea cuando podíamos ver una película. ¿Para qué tener tele de paga si solo ve el box?, me preguntaba. Pero, aún así, eran momentos que apreciaba. Estar a su lado, momentos íntimos que compartíamos, nadie más se sentaba a ver el ring con él. Ni su esposa, ni su amante, ni ninguna de sus cinco hijas. Sólo yo. El y yo viendo a dos boxeadores darse de trancazos.
No importaba si me gustaba o no. Estar a su lado en un momento que él tanto disfrutaba era mi recompensa. Perder siempre en las apuestas. Aunque recuerdo que un día el me hizo la misma pregunta, ¿a cuál le vas?, y coincidió que el que traía el short rojo (mi color favorito) era el bueno. Agachó la cabeza y me dijo "creo que ahora sí ganarás". Y lo hice. Siempre ganaba, aunque él no lo supiera, hasta que lo supo, meses antes de morir.
A mi padre le encantaba el box. Se sentaba ahí, en el cuarto de tele, con una cerveza Corona en la mano y otra libre para mi abrazo. Se emocionaba. Reía. Se enojaba. Me miraba. Con esa mirada íntima que regala quien sabe que está dando y recibiendo un obsequio.
Nunca fui su favorita. Mi hermana mayor, tal vez por ser la primera, era su consentida. Para ella fueron todos los regalos, todas las adulaciones. Pero tampoco fui víctima: era la favorita de mi mamá. Aunque como todo ser humano, ansiaba tener lo que no poseía, el favoritismo de mi padre. Sentir el orgullo paterno, y el box siempre fue un modo de obtenerlo.
Ahora, siempre que me siento a ver una pelea, con una cerveza en mi mano y la otra libre para el abrazo, lo recuerdo. Ya no le voy al que vista el short más bonito, ni con el color de mi preferencia, pero daría lo que fuera por ver una pelea, aunque sea un round, con mi padre y poder compartir con él esa pasión que hoy es también es mía.
son palabras sueltas... un poema destilado en prosa... tu voz apagada en el frío y la oscuridad... una ventana rota en invierno... el golpe de un martillo sobre las uñas... el primer orgasmo... una llamada telefónica en el vacío... un trozo de día interminable... el deseo furtivo de la adolescencia... la corteza desprendida de la piel...un pubis recién nacido... el crimen certero de la penetración..
6.11.11
3.11.11
De estrella sólo tenía el nombre, el peso, la rotación. Mas no así la luz propia, el placer de que otros cuerpos giraran en torno a ella. Su madre se lo puso, y no porque fuera el faro celestial que alumbrara su camino, sino porque ella siempre quiso llamarse así. Su nombre era Estela y nunca le gustó la idea de ser una sombra, sólo un halo, una luz que se difumina por el brillo constante y casi impedecedero de un astro en todo el sentido de la palabra. Cuando de chica, descubrió el verdadero significado de su nombre, decidió que su primera hija se llamaría Estrella. No Luna (un cuerpo tan pobre que depende del movimiento del sol y del planeta), no Sol (uno de los astros más pequeños del universo), sino Estrella (grandeza, luz, movimiento, líder).
Pero, como en estos casos suele suceder, su nombre no reflejaba su personalidad: opaca, pasiva, escuálida de peso completo.
Habló hasta muy tarde. Era la estrella ficticia, metafórica, de la familia, por lo que nunca necesito decir más de tres palabras seguidas para obtener lo que deseaba. ¿Para qué hacer el esfuerzo de enlazar palabras para conformar una oración? Nunca hubo necesidad. Pero cuando entró a la primaria se dio cuenta, o más bien, sus maestros se dieron cuenta de que algo le faltaba, de que no había brillo en sus ojos ni en su lengua. Y sentenciaron: no llegará muy lejos.
Pero se equivocaron. A pesar de su cuerpo de luna llena, tenía pies veloces, que no se detenían ante los
inminentes obstáculos callejeros. Las piernas comenzaron a enflacarle, mientras su lengua sufría de pereza y engordaba, haciendo más difícil su habla.
En cambio Estela le hizo honor a su nombre y se convirtió en la sombra de Estrella, en su cola de polvo y piedras que brillaba solo si a su hija se le daba la gana.
Cuando entró a la secundaria, sus compañeros se burlaban de ese músculo hinchado dentro de su boca, que sólo le funcionaba para degustar glotonamente todo tipo de comida chatarra. Fue cuando conoció a Ricardo quien sufría "el mal del astronauta". Sin saberlo su atención era llamada por todo aquello con forma de astro. Cuando conoció a Estrella no pudo dejar de admirar su redondez adolescente, su cuerpo en forma de esfera navideña.
Todavía no conocía el deseo, pero era el sentimiento más acercado a la lujuria con el que había tenido contacto. Los cráteres en la faz de Estrella le proporcionaban cierto cosquilleo reburbujeante que agitaba su dermis espacial. Ella no se daba por enterada, seguía deglutando, pero algo en le decía que tenía que comenzar a poner en movimiento su bizcosa y gorda lengua. No podría seguir soportando las jiribillas de sus compañeros de clase.
Un día Ricardo se decidió. Llegaría a esa estrella con o sin uniforme astronáutico. La blandura del cuerpo puberto, su opacidad constante contrastada con la brillantez de esa minúscula, silenciosa y carnosa lengua le obligaron a acercarse y preguntarle algo vanal. Estrella sólo contestó con un mugido casi imperceptible, pero eso bastó para que Ricardo la llamara a su mente en la noche, recordando su tierno gemido. Imaginó el movimiento de su lengua guardada en la cavidad casi hermética de su boca.
A estrella le pareció un poco extraño que un chico como Ricardo le dirigiera la palabra. Lo veía como un pobre diablo: flaco, tímido, sentado siempre en un rincón alejado del salón de clases. Desde ese momento comenzó a darle un poco más de atención. Para su sorpresa cada vez que ella volteaba a verlo con todo el disimulo posible, se topaba con la pared de los ojos de Ricardo. Fue cuando se dio cuenta que no dejaba de verla. Vez que lo miraba, vez que sus ojos le hacían una súplica desesperada. ¿De qué? No lo sabía, pero algo intenso se revolvía en su interior.
A Estrella comenzó a darle pena su lengua, sin saber que ese órgano era el "muso" de las noches más intensas de Ricardo. Comenzó a hacer esfuerzos incomesurables para moverla. Todos los días, en su casa, abría la boca y trataba de llevar su rojilla y tibia lengua al paladar, a pesar de los reproches de Estela. "Qué haces, Estrellita. Deja de hacer lo que sea que estés haciendo y ven a comer tu panquecito nocturno". Pero ella ya no quería comer, pero con tal de no tener que darle explicaciones a su madre -y ni que pudiera- tomaba la comida y la escondía en sus cajones para tirarla al día siguiente en la escuela.
Uno de esos días, Ricardo le preguntó si podía acompañarla a su casa. Estrella, ante la impotencia de no poder contestar, movió la cabeza afirmativamente. Ricardo pensó que era la mujer ideal, de esas sumisas que no hablan y complacen al hombre. Entonces vio su oportunidad. En un momento en que Estrella estaba desprevenida la jaló hacia sí y la besó. Lo único que deseaba era sentir la calidez de su robusta lengua, pero Estrella ante la verguenza de su gordinflona boca no separó los labios ni un milímetro. Esa noche Ricardo no pudo ponerse a tono, ¿era acaso que él le causaba repulsión?
Llegó el momento en que con mucho esfuerzo y dedicación, Estrella podía abrir la boca, emitir palabras y tocarse cada uno de sus dientes y molares con la punta de la lengua. Estaba satisfecha con ella misma y esperaba impaciente el acercamiento de Ricardo para mostrarle las destrezas que podía realizar dentro y fuera de sus labios. Pero a Ricardo se le había ido la pasión: Estrella había adelgazado, más que un astro parecía un cohete a punto de despegar, hablaba con soltura, como esas niñas con cabezas huecas, no dejaba nada a la imaginación y, lo pero de todo, esa magnífica lengua rechoncha, húmeda, ensalivada, glotona, pesada, guardada como en un refugio antinuclear, se había convertido en una lengua seca, sin chiste, sin voluptuosidad. Una lengua común y corriente.
Estrella comenzó a ser un astro en el salón de clases, ante la mirada atónita de sus compañeros. Y cuando volteaba a ver a Ricardo, quien le había dado su primer beso, este esquivaba la mirada con repulsión cegado ante la luz del astro solar.
Pero, como en estos casos suele suceder, su nombre no reflejaba su personalidad: opaca, pasiva, escuálida de peso completo.
Habló hasta muy tarde. Era la estrella ficticia, metafórica, de la familia, por lo que nunca necesito decir más de tres palabras seguidas para obtener lo que deseaba. ¿Para qué hacer el esfuerzo de enlazar palabras para conformar una oración? Nunca hubo necesidad. Pero cuando entró a la primaria se dio cuenta, o más bien, sus maestros se dieron cuenta de que algo le faltaba, de que no había brillo en sus ojos ni en su lengua. Y sentenciaron: no llegará muy lejos.
Pero se equivocaron. A pesar de su cuerpo de luna llena, tenía pies veloces, que no se detenían ante los
inminentes obstáculos callejeros. Las piernas comenzaron a enflacarle, mientras su lengua sufría de pereza y engordaba, haciendo más difícil su habla.
En cambio Estela le hizo honor a su nombre y se convirtió en la sombra de Estrella, en su cola de polvo y piedras que brillaba solo si a su hija se le daba la gana.
Cuando entró a la secundaria, sus compañeros se burlaban de ese músculo hinchado dentro de su boca, que sólo le funcionaba para degustar glotonamente todo tipo de comida chatarra. Fue cuando conoció a Ricardo quien sufría "el mal del astronauta". Sin saberlo su atención era llamada por todo aquello con forma de astro. Cuando conoció a Estrella no pudo dejar de admirar su redondez adolescente, su cuerpo en forma de esfera navideña.
Todavía no conocía el deseo, pero era el sentimiento más acercado a la lujuria con el que había tenido contacto. Los cráteres en la faz de Estrella le proporcionaban cierto cosquilleo reburbujeante que agitaba su dermis espacial. Ella no se daba por enterada, seguía deglutando, pero algo en le decía que tenía que comenzar a poner en movimiento su bizcosa y gorda lengua. No podría seguir soportando las jiribillas de sus compañeros de clase.
Un día Ricardo se decidió. Llegaría a esa estrella con o sin uniforme astronáutico. La blandura del cuerpo puberto, su opacidad constante contrastada con la brillantez de esa minúscula, silenciosa y carnosa lengua le obligaron a acercarse y preguntarle algo vanal. Estrella sólo contestó con un mugido casi imperceptible, pero eso bastó para que Ricardo la llamara a su mente en la noche, recordando su tierno gemido. Imaginó el movimiento de su lengua guardada en la cavidad casi hermética de su boca.
A estrella le pareció un poco extraño que un chico como Ricardo le dirigiera la palabra. Lo veía como un pobre diablo: flaco, tímido, sentado siempre en un rincón alejado del salón de clases. Desde ese momento comenzó a darle un poco más de atención. Para su sorpresa cada vez que ella volteaba a verlo con todo el disimulo posible, se topaba con la pared de los ojos de Ricardo. Fue cuando se dio cuenta que no dejaba de verla. Vez que lo miraba, vez que sus ojos le hacían una súplica desesperada. ¿De qué? No lo sabía, pero algo intenso se revolvía en su interior.
A Estrella comenzó a darle pena su lengua, sin saber que ese órgano era el "muso" de las noches más intensas de Ricardo. Comenzó a hacer esfuerzos incomesurables para moverla. Todos los días, en su casa, abría la boca y trataba de llevar su rojilla y tibia lengua al paladar, a pesar de los reproches de Estela. "Qué haces, Estrellita. Deja de hacer lo que sea que estés haciendo y ven a comer tu panquecito nocturno". Pero ella ya no quería comer, pero con tal de no tener que darle explicaciones a su madre -y ni que pudiera- tomaba la comida y la escondía en sus cajones para tirarla al día siguiente en la escuela.
Uno de esos días, Ricardo le preguntó si podía acompañarla a su casa. Estrella, ante la impotencia de no poder contestar, movió la cabeza afirmativamente. Ricardo pensó que era la mujer ideal, de esas sumisas que no hablan y complacen al hombre. Entonces vio su oportunidad. En un momento en que Estrella estaba desprevenida la jaló hacia sí y la besó. Lo único que deseaba era sentir la calidez de su robusta lengua, pero Estrella ante la verguenza de su gordinflona boca no separó los labios ni un milímetro. Esa noche Ricardo no pudo ponerse a tono, ¿era acaso que él le causaba repulsión?
Llegó el momento en que con mucho esfuerzo y dedicación, Estrella podía abrir la boca, emitir palabras y tocarse cada uno de sus dientes y molares con la punta de la lengua. Estaba satisfecha con ella misma y esperaba impaciente el acercamiento de Ricardo para mostrarle las destrezas que podía realizar dentro y fuera de sus labios. Pero a Ricardo se le había ido la pasión: Estrella había adelgazado, más que un astro parecía un cohete a punto de despegar, hablaba con soltura, como esas niñas con cabezas huecas, no dejaba nada a la imaginación y, lo pero de todo, esa magnífica lengua rechoncha, húmeda, ensalivada, glotona, pesada, guardada como en un refugio antinuclear, se había convertido en una lengua seca, sin chiste, sin voluptuosidad. Una lengua común y corriente.
Estrella comenzó a ser un astro en el salón de clases, ante la mirada atónita de sus compañeros. Y cuando volteaba a ver a Ricardo, quien le había dado su primer beso, este esquivaba la mirada con repulsión cegado ante la luz del astro solar.
16.10.11
Un árbol retorcido entre el dulzor y la sal
las ramas crecen confusas
y se llenan de amantes anfibios
se amarran a las raíces
las raíces...
esas que han visto huracanes
y maremotos
esas que se aferran a la tierra
pero andan placenteramente
como en su casa
entre el agua
que no es salada ni dulce
que no es calma ni tempestad.
Su cuerpo pesado se mece
a merced de vientos y mareas
todos los elementos lo complacen:
agua, tierra, aire y sol
son sus súbditos.
Soy un árbol, un manglar
seducida por tu anfibio encanto.
Te ataré a mis raíces
con la tibia sensación melosa en tu paladar
pero de salitroso sudor.
Te suspenderé en mi tranquilidad
cuando las tomentas acechen nuestra tierra.
Una agitación pasiva y constante
dará sombra
al más retorcido de nuestros deseos.
Amárrate a mis raíces
introducidas en la cálida humedad
de mis aguas
agarradas de la fertilidad
de mi suelo
material desmenuzable
Yo te sujetaré, seré tu ancla
poseeré tu disfrute
aspiraré tus elementos
para nutrir mis ramas
y consolidar nuestro santuario
de hábitat tropical
las ramas crecen confusas
y se llenan de amantes anfibios
se amarran a las raíces
las raíces...
esas que han visto huracanes
y maremotos
esas que se aferran a la tierra
pero andan placenteramente
como en su casa
entre el agua
que no es salada ni dulce
que no es calma ni tempestad.
Su cuerpo pesado se mece
a merced de vientos y mareas
todos los elementos lo complacen:
agua, tierra, aire y sol
son sus súbditos.
Soy un árbol, un manglar
seducida por tu anfibio encanto.
Te ataré a mis raíces
con la tibia sensación melosa en tu paladar
pero de salitroso sudor.
Te suspenderé en mi tranquilidad
cuando las tomentas acechen nuestra tierra.
Una agitación pasiva y constante
dará sombra
al más retorcido de nuestros deseos.
Amárrate a mis raíces
introducidas en la cálida humedad
de mis aguas
agarradas de la fertilidad
de mi suelo
material desmenuzable
Yo te sujetaré, seré tu ancla
poseeré tu disfrute
aspiraré tus elementos
para nutrir mis ramas
y consolidar nuestro santuario
de hábitat tropical
9.10.11
Cada vez un espacio más pequeño. Con cada mudanza una unión más íntima. Una certeza de acompañamiento. En la cocina tu cuerpo se une a mi trastero. En el comedor nos alimentamos del mismo tabaco. Respiramos el mismo vapor en el baño. Las luchas cuerpo a cuerpo se hacen presentes en la habitación.
Somos un rompecabezas amorfo. Fragmentos que se unen. Se distorcionan. Encajan sus variadas formas de espejos. Mi pie en tu pierna. Tu cabeza sostenida por mi pecho. Mis dientes muerden tus orejas. Tus dedos aprisionan mi intimidad.
Somos una bola de cristal hecha añicos. Hacedores de nuestro futuro. Rompemos los hechizos del pasado. Perseguimos los mismos diminutos fantasmas. Los escuchamos de madrugada. Juegan en el techo de nuestra habitación, ruidos como goteras nos escupen e interrumpen nuestros sueños. ¿Escuchaste? Es el sonido de nuestros pensamientos que discuten mientras condecendemos en la cama.
Somos un nido de ligas. Separas una. Separo otra. Se retuerce pero no pierde su forma. Al estrellarnos rebotamos cada vez más alto. Cada vez más. Rompemos el sintetismo. ¿Pero qué es el plástico separado? Tiras solitarias de polímero. El gato del destino nos toma por juguete. Nos araña. Sólo logra la contracción de nuestros cuerpos.
Somos los cuartos que hemos habitado. Cada espacio donde hemos vivido. Nuestra esencia es consumida por las paredes de diversos mundos. Vamos paralelos pero coincidiendo. Somos los baratos hoteles donde hemos sido huéspedes. Esas llaves que nos han abierto sus puertas y los guardianes letreros de "no molestar".
Somos el pasar de los años. Las miradas contenidas en los silencios. La búsqueda eterna de las palabras. Los encontronazos de voces que se alejan para regresar más unidas. Soy tus manos pequeñas y tibias. Eres mis ojos sorprendidos. Soy tu diminuta nariz airosa. Eres mis pies grandilocuentes.
Mi casa es pequeña. Amueblada. Sencilla. Ventilada. Luminosa. Mi casa somos. Mi casa eres.
Somos un rompecabezas amorfo. Fragmentos que se unen. Se distorcionan. Encajan sus variadas formas de espejos. Mi pie en tu pierna. Tu cabeza sostenida por mi pecho. Mis dientes muerden tus orejas. Tus dedos aprisionan mi intimidad.
Somos una bola de cristal hecha añicos. Hacedores de nuestro futuro. Rompemos los hechizos del pasado. Perseguimos los mismos diminutos fantasmas. Los escuchamos de madrugada. Juegan en el techo de nuestra habitación, ruidos como goteras nos escupen e interrumpen nuestros sueños. ¿Escuchaste? Es el sonido de nuestros pensamientos que discuten mientras condecendemos en la cama.
Somos un nido de ligas. Separas una. Separo otra. Se retuerce pero no pierde su forma. Al estrellarnos rebotamos cada vez más alto. Cada vez más. Rompemos el sintetismo. ¿Pero qué es el plástico separado? Tiras solitarias de polímero. El gato del destino nos toma por juguete. Nos araña. Sólo logra la contracción de nuestros cuerpos.
Somos los cuartos que hemos habitado. Cada espacio donde hemos vivido. Nuestra esencia es consumida por las paredes de diversos mundos. Vamos paralelos pero coincidiendo. Somos los baratos hoteles donde hemos sido huéspedes. Esas llaves que nos han abierto sus puertas y los guardianes letreros de "no molestar".
Somos el pasar de los años. Las miradas contenidas en los silencios. La búsqueda eterna de las palabras. Los encontronazos de voces que se alejan para regresar más unidas. Soy tus manos pequeñas y tibias. Eres mis ojos sorprendidos. Soy tu diminuta nariz airosa. Eres mis pies grandilocuentes.
Mi casa es pequeña. Amueblada. Sencilla. Ventilada. Luminosa. Mi casa somos. Mi casa eres.
2.10.11
Anoche volviste a aparecer en mis sueños. Tal vez sea mi subconsciente que no me perdona lo que mi superyo superó. Es más, ni siquiera lo superó porque nunca pensó que estuviera en un error. Nos hermanábamos como grandes compañeras. Un sueño imposible. Por un momento me caíste bien y bromeamos de todo lo sucedido. No sé por qué te presentas en las noches. Sobre todo en esas noches que más suelo disfrutar. Que me duermo con una sonrisa expuesta a la oscuridad.
Ha sido un buen día. El clima, los hechos, la comida, las compras. Ahora estoy aquí tratando de escribir un sueño sin escribirlo. Sin detallarlo. Porque lo importante son las sensaciones. Los sentimientos.
Pero ayer, a mediodía, estuve enojada: tenemos que deshabitar el departamento que alquilamos recién llegados a la capital. Me enoja cuando las personas quieren abusar con máscaras de lealtad y honorabilidad. Cuando lo que hay detrás de la careta es un látigo sostenido por el verdugo, a punto de atacar contra la piel suave y melosa de la víctima habitacional.
No hay de otra. Lo sé. Lo intenté. Perdí.
Pero en otros aspectos he ganado. Gané a la soledad y a la amargura.
Un niño hace la diferencia cuando sustituye el dolor por llanto hambruno. Un niño hace la diferencia cuando la única sonrisa sostenida y espontánea es la de él. Un niño hace la diferencia en el día. Pero en la noche, cuando los demonios dejan de habitar las sombras para deambular alrededor de tu cama, el niño estará durmiéndo plácidamente con una sonrisa sostenida en la oscuridad, y tus demonios seguirán siendo los mismos espíritus que te aquejan y ese niño no podrá hacer diferencia alguna en la soledad y amargura.
He ganado. Una de tantas batallas. Sé que no la guerra.
Ha sido un buen día. El clima, los hechos, la comida, las compras. Ahora estoy aquí tratando de escribir un sueño sin escribirlo. Sin detallarlo. Porque lo importante son las sensaciones. Los sentimientos.
Pero ayer, a mediodía, estuve enojada: tenemos que deshabitar el departamento que alquilamos recién llegados a la capital. Me enoja cuando las personas quieren abusar con máscaras de lealtad y honorabilidad. Cuando lo que hay detrás de la careta es un látigo sostenido por el verdugo, a punto de atacar contra la piel suave y melosa de la víctima habitacional.
No hay de otra. Lo sé. Lo intenté. Perdí.
Pero en otros aspectos he ganado. Gané a la soledad y a la amargura.
Un niño hace la diferencia cuando sustituye el dolor por llanto hambruno. Un niño hace la diferencia cuando la única sonrisa sostenida y espontánea es la de él. Un niño hace la diferencia en el día. Pero en la noche, cuando los demonios dejan de habitar las sombras para deambular alrededor de tu cama, el niño estará durmiéndo plácidamente con una sonrisa sostenida en la oscuridad, y tus demonios seguirán siendo los mismos espíritus que te aquejan y ese niño no podrá hacer diferencia alguna en la soledad y amargura.
He ganado. Una de tantas batallas. Sé que no la guerra.
25.9.11
Al principio fue emoción. Un tipo de adrenalina recorrió mi cuerpo. Después orgullo. De ser quien soy, de donde provengo. Siguió la desesperación, el enojo, el dolor. Ahora todo termina en indiferencia.
Comprendo, una vez más (pero cada vez con más arraigo, más sensatez), que no te necesito. Que estuve ahí sin estarlo porque así lo quise. No me gusta inmiscuirme en reuniones sin apetito. Y nunca tuve el hambre para entrar. Para hacerme parte de.
Está bien. Tal vez en un momento fugaz sí quise ser parte de algo. Pero me gusta mi soledad. Ese es el gran hecho. Nunca he estado dispuesta a sonreir sin ganas, a alabar lo inalabable, a comentar la inmundicia. Este es mi pago: la soledad. El mejor cheque que he recibido.
Puedo poner nombres y borrarlos a mi antojo. Puedo destrozarlo y rehacerlo. Por eso estoy aquí. Lejos. Me vine huyendo de ti. De tus dioses falsamente misteriosos y divinos para crear los míos. Que no son menos falsos, pero que me pertenecen y están a mi merced.
No necesito pasar por esto una vez más. Puedes salir por donde te colaste: rendijas astutas de mi memoria desdentada. Puedes devolverte como llegaste: arrastrándote para llegar a mi consciente desde las penumbras del olvido.
No volveré al negro. Y no me molesta que mis palabras te hagan chillar. Si la sangre no te detuvo en el umbral de mi orgullo, no detendré los golpes a tu cuerpo potentemente deshilachado.
Comprendo, una vez más (pero cada vez con más arraigo, más sensatez), que no te necesito. Que estuve ahí sin estarlo porque así lo quise. No me gusta inmiscuirme en reuniones sin apetito. Y nunca tuve el hambre para entrar. Para hacerme parte de.
Está bien. Tal vez en un momento fugaz sí quise ser parte de algo. Pero me gusta mi soledad. Ese es el gran hecho. Nunca he estado dispuesta a sonreir sin ganas, a alabar lo inalabable, a comentar la inmundicia. Este es mi pago: la soledad. El mejor cheque que he recibido.
Puedo poner nombres y borrarlos a mi antojo. Puedo destrozarlo y rehacerlo. Por eso estoy aquí. Lejos. Me vine huyendo de ti. De tus dioses falsamente misteriosos y divinos para crear los míos. Que no son menos falsos, pero que me pertenecen y están a mi merced.
No necesito pasar por esto una vez más. Puedes salir por donde te colaste: rendijas astutas de mi memoria desdentada. Puedes devolverte como llegaste: arrastrándote para llegar a mi consciente desde las penumbras del olvido.
No volveré al negro. Y no me molesta que mis palabras te hagan chillar. Si la sangre no te detuvo en el umbral de mi orgullo, no detendré los golpes a tu cuerpo potentemente deshilachado.
18.9.11
Los volcanes tienen algo. Tal vez sea la nieve. Tal vez sea que no se quejen. Que estén ahí inmutables en la mutación. Han visto todo. Lo han vivido todo. Lo saben. Ellos lo saben mejor que nadie. Mejor que ellos mismos. Son dioses y necesitan de carne para alimentarse. Deidades en calma que exigen tributos. Los hombres les han perdido el respeto. Ya no temen a que exploten. Y lo harán.
Montículos de tierra caníbal. Arrojan su baba rojiza al vacío de la humanidad. Con su semen caliente marcan su territorio. Lo destrozan. Para volver en calma a su inmutación por unos siglos más.
Ahí están. Sentados. Sigilosos. Espectantes. Nos observan.
Un volcán nunca olvida. Un volcán tiene memoria de elefante. Y cuando suelten las lágrimas. Cuando comience a llorar el desencuentro humano. Será la imagen con la que el hombre se duerma. Será el murmullo estridente en los labios abyectos, abiertos eternamente, la música última de sus violines, los que escucharemos de fondo cuando todo haya terminado. Cuando pasen los créditos. Y entonces no haya más nada.
Montículos de tierra caníbal. Arrojan su baba rojiza al vacío de la humanidad. Con su semen caliente marcan su territorio. Lo destrozan. Para volver en calma a su inmutación por unos siglos más.
Ahí están. Sentados. Sigilosos. Espectantes. Nos observan.
Un volcán nunca olvida. Un volcán tiene memoria de elefante. Y cuando suelten las lágrimas. Cuando comience a llorar el desencuentro humano. Será la imagen con la que el hombre se duerma. Será el murmullo estridente en los labios abyectos, abiertos eternamente, la música última de sus violines, los que escucharemos de fondo cuando todo haya terminado. Cuando pasen los créditos. Y entonces no haya más nada.
11.9.11
Los taladros exteriores reflejan mis taladros internos.
Bendito el metal que corta el asfalto.
Maldito el pensamiento que agujerea mi tranquilidad.
El ruido físico, ese de ondas sonaramente curvas,
es una pequeña muestra del metafísico,
ese de ondas silenciosamente mortales.
Y si no estuviera aquí, ¿qué?
Estridentismo molecular.
El duelo de dos miedos
que se superponen
Una sensación molestamente
apacible y descarada
llamativamente
mansa y chirriante.
Me voy, ¿y qué?
No hay destemplenza en ese vaho musical
que es el ruido.
La estática mental y mecánica
equilibra mi ley sin mudanza
con la condición benigna y suave
de un animal en celo.
Y si nunca hubiera estado, ¿qué?
Apacible, sosegada, tranquila
un ganado de personas
rumbo a mi colmena
El efecto de ganar
es la mejor anestesia,
el recipiente construido
para un habitáculo de estrellas:
enjambre natural
privación general
artificialmente producida.
Estoy aquí
el sonido inarticulado es mi compañía
la gran pendencia de las cosas
sin importancia.
Soy sólo un hombre
que interfiere el tráfico
de una riña de palabras.
Bendito el metal que corta el asfalto.
Maldito el pensamiento que agujerea mi tranquilidad.
El ruido físico, ese de ondas sonaramente curvas,
es una pequeña muestra del metafísico,
ese de ondas silenciosamente mortales.
Y si no estuviera aquí, ¿qué?
Estridentismo molecular.
El duelo de dos miedos
que se superponen
Una sensación molestamente
apacible y descarada
llamativamente
mansa y chirriante.
Me voy, ¿y qué?
No hay destemplenza en ese vaho musical
que es el ruido.
La estática mental y mecánica
equilibra mi ley sin mudanza
con la condición benigna y suave
de un animal en celo.
Y si nunca hubiera estado, ¿qué?
Apacible, sosegada, tranquila
un ganado de personas
rumbo a mi colmena
El efecto de ganar
es la mejor anestesia,
el recipiente construido
para un habitáculo de estrellas:
enjambre natural
privación general
artificialmente producida.
Estoy aquí
el sonido inarticulado es mi compañía
la gran pendencia de las cosas
sin importancia.
Soy sólo un hombre
que interfiere el tráfico
de una riña de palabras.
6.9.11
—Está demasiado deprimida, compréndela –escribió mi madre por el chat.
---
Hay veces en que no tengo ganas de comprender a los demás. No necesito entenderlos. No deseo darles palabras de aliento. Charlatanería. Me aburre que las personas se depriman. Me molesta que entren en un hoyo negro. Más cuando me levanto con ánimo y optimismo. Más en esos momentos. Cuando estoy en la gloria y tengo que soportar los problemas de alguien más. Sus desvelos. Sus desencuentros. Sus búsquedas interiores e infernales.
Hoy no tengo ganas de escucharlos.
Hoy de lo que realmente tengo ganas es...
de que me sangren los nudillos de las manos
de que me duelan los huesos mientras grito
de que me tiemblen las comisuras de los labios por un beso no dado
de masturbarme sin llegar al orgasmo
de enojarme tanto conmigo misma que no pueda ni verme al espejo sin dejar de escupirme
de quemar los cuerpos perfectos de las revistas de moda
de correr sobre vidrios estrellados bajo mis dedos
de escuchar heavy metal mientras duermo pesadillezcamente
de romper una a una las hojas de los diccionarios
de que se sequen mis retinas y no pueda ya bajar los párpados que las contienen
de estrellar el monitor contra la cabeza de mis compañeros
de orinar con sabor a miel y revolcarme en el dulzor del migitorio
de escribir historias grotezcamente románticas
de no comprender a ningún deprimido más
de hacer con todos los poetas una sola película snuff
---
Después de platicar con mi madre tuve que correr al baño de la oficina. A orinar por los lagrimales. De puro coraje. De puro. Amor propio. Y una razón específica no había. Sólo que estoy lejos. Que hoy me dieron oficialmente mi dirección. Y no pude contener la sorpresa cuando leí Distrito Federal y no mi querida Tijuana. Pero a la vez algo se llenó de felicidad. Y me odié. No en ese momento. Pero debí de haberme odiado.
El excusado se levó los últimos residuos ojales tijuanense dentro de mí.
Iván me llamó por teléfono. —Quería escuchar un acento familiar, pero ya hablas como chilanga.
No reí. Callé.
---
—Pero me tienes a mí.
A quién. La soledad, la alegría, la agustia, el miedo son personales. No se comparten. Se quedan aquí. Dentro. Lo puedes decir con palabras. Puede parecer que se aminora la carga. Pero los residuos internos no se pueden lavar. Cochambre de grasa interna. Las cucarachas comienzan a alimentarse de mi.
---
—Está demasiado deprimida, compréndela –escribió mi madre por el chat.
—Sí, má. Discúlpame. No sé en qué estaba pensando.
—Entonces, ¿todo bien?
—Si, má. No te preocupes –atino a escribir con los nudillos sangrando.
---
Hay veces en que no tengo ganas de comprender a los demás. No necesito entenderlos. No deseo darles palabras de aliento. Charlatanería. Me aburre que las personas se depriman. Me molesta que entren en un hoyo negro. Más cuando me levanto con ánimo y optimismo. Más en esos momentos. Cuando estoy en la gloria y tengo que soportar los problemas de alguien más. Sus desvelos. Sus desencuentros. Sus búsquedas interiores e infernales.
Hoy no tengo ganas de escucharlos.
Hoy de lo que realmente tengo ganas es...
de que me sangren los nudillos de las manos
de que me duelan los huesos mientras grito
de que me tiemblen las comisuras de los labios por un beso no dado
de masturbarme sin llegar al orgasmo
de enojarme tanto conmigo misma que no pueda ni verme al espejo sin dejar de escupirme
de quemar los cuerpos perfectos de las revistas de moda
de correr sobre vidrios estrellados bajo mis dedos
de escuchar heavy metal mientras duermo pesadillezcamente
de romper una a una las hojas de los diccionarios
de que se sequen mis retinas y no pueda ya bajar los párpados que las contienen
de estrellar el monitor contra la cabeza de mis compañeros
de orinar con sabor a miel y revolcarme en el dulzor del migitorio
de escribir historias grotezcamente románticas
de no comprender a ningún deprimido más
de hacer con todos los poetas una sola película snuff
---
Después de platicar con mi madre tuve que correr al baño de la oficina. A orinar por los lagrimales. De puro coraje. De puro. Amor propio. Y una razón específica no había. Sólo que estoy lejos. Que hoy me dieron oficialmente mi dirección. Y no pude contener la sorpresa cuando leí Distrito Federal y no mi querida Tijuana. Pero a la vez algo se llenó de felicidad. Y me odié. No en ese momento. Pero debí de haberme odiado.
El excusado se levó los últimos residuos ojales tijuanense dentro de mí.
Iván me llamó por teléfono. —Quería escuchar un acento familiar, pero ya hablas como chilanga.
No reí. Callé.
---
—Pero me tienes a mí.
A quién. La soledad, la alegría, la agustia, el miedo son personales. No se comparten. Se quedan aquí. Dentro. Lo puedes decir con palabras. Puede parecer que se aminora la carga. Pero los residuos internos no se pueden lavar. Cochambre de grasa interna. Las cucarachas comienzan a alimentarse de mi.
---
—Está demasiado deprimida, compréndela –escribió mi madre por el chat.
—Sí, má. Discúlpame. No sé en qué estaba pensando.
—Entonces, ¿todo bien?
—Si, má. No te preocupes –atino a escribir con los nudillos sangrando.
28.8.11
La tarde es gris y no tengo limitantes.
La música de un vagabundo suena en mis oídos.
Necesito límites
límites para escribir.
Presión.
Alguien que destruya mis textos
para tratar de ensamblar las piezas
que le hacen falta.
Una vez más.
Esta no será la vez última
ni la tercera.
Los signos de puntuación me obligan
a reinventarlos
hacerlos a un lado
para después volver a ellos
sumisa y con la mirada gacha
les pido perdón por olvidarlos.
La tarde es gris.
Pero arde por dentro
como un clímax a punto de llegar.
Quisiera darle me gusta
marcarlo como favorito
buscar a mis amigos
comentar sus comentarios
Pero estoy sola aquí.
Solamente acompañada
por la lluvia torrencial
que inunda mis ideas.
Me pasé de los ciento cuarenta.
Ya no me alcanza para seguir
escribiendo
que la tarde es gris
y que se llena de su propio flujo.
Editar. Editar.
Las ideas encajonadas
en un recuadro
que no alcanza para controlar
la verborrea que contengo.
La tarde es gris
¿a quién chingados
le interesa?
La música de un vagabundo suena en mis oídos.
Necesito límites
límites para escribir.
Presión.
Alguien que destruya mis textos
para tratar de ensamblar las piezas
que le hacen falta.
Una vez más.
Esta no será la vez última
ni la tercera.
Los signos de puntuación me obligan
a reinventarlos
hacerlos a un lado
para después volver a ellos
sumisa y con la mirada gacha
les pido perdón por olvidarlos.
La tarde es gris.
Pero arde por dentro
como un clímax a punto de llegar.
Quisiera darle me gusta
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comentar sus comentarios
Pero estoy sola aquí.
Solamente acompañada
por la lluvia torrencial
que inunda mis ideas.
Me pasé de los ciento cuarenta.
Ya no me alcanza para seguir
escribiendo
que la tarde es gris
y que se llena de su propio flujo.
Editar. Editar.
Las ideas encajonadas
en un recuadro
que no alcanza para controlar
la verborrea que contengo.
La tarde es gris
¿a quién chingados
le interesa?
14.8.11
Las personas viven inmersas en su pasado. ¿Por qué negarse a mirar el presente y aprovechar todo lo que se pueda? Personalmente, sí, soy una mujer que mira al pasado, pero no para añorar, sólo para recordar lo que soy y porqué lo soy. No olvidar mis orígenes, no criticar a la gente tan duramente por sus acciones. Siempre hay un por qué. Pero no entiendo a quienes se quedan estancados. Inmersos.
Hay que seguir adelante.
Hay que seguir adelante.
24.3.11
Los pasos
7:00 a.m.
¿Me levanto o no? La misma pregunta de todos los días. No hay que pensar, sólo hacer. Acción. Acción. Pensar las cosas la mayoría de las veces te lleva a no hacer nada. Hay que dejarse llevar, pero no por la corriente.
7:15 a.m.
Llego al parque. Pocas personas caminando, aun menos corriendo. Ejercicio de calentamiento. Comienzo a caminar. Suave clima templado estalla en mi faz mañanera. Sólo pienso en no pensar, que mis pasos guien la desesperación de mi alma, los 28 años a cuestas, mi espalda que carga la cruz de la lejanía y la ausencia elegida.
7:30 a.m.
Estoy lista. Todo está en calma. Ha llegado más gente, pero no los veo. La música en mis oídos me llama a comenzar un día más. Corre. Corre. Y corro. La angustia se deshace con cada talonazo en el suelo. Me sacudo el polvo abismal. Me interpreto. Me reinvento en cada respiración. Exhalo rencores, aspiro oportunidades. Retos. Me siento viva.
8:00 a.m.
Hora de partir. Hora del hogar. Un baño cálido rediseña mi estructura muscular. Resbala sobre mi piel la angustia. Y se va por el caño, de donde salió. La blanda sensación de mis labios sobre los suyos. Y un día que pinta será más que mejor.
¿Me levanto o no? La misma pregunta de todos los días. No hay que pensar, sólo hacer. Acción. Acción. Pensar las cosas la mayoría de las veces te lleva a no hacer nada. Hay que dejarse llevar, pero no por la corriente.
7:15 a.m.
Llego al parque. Pocas personas caminando, aun menos corriendo. Ejercicio de calentamiento. Comienzo a caminar. Suave clima templado estalla en mi faz mañanera. Sólo pienso en no pensar, que mis pasos guien la desesperación de mi alma, los 28 años a cuestas, mi espalda que carga la cruz de la lejanía y la ausencia elegida.
7:30 a.m.
Estoy lista. Todo está en calma. Ha llegado más gente, pero no los veo. La música en mis oídos me llama a comenzar un día más. Corre. Corre. Y corro. La angustia se deshace con cada talonazo en el suelo. Me sacudo el polvo abismal. Me interpreto. Me reinvento en cada respiración. Exhalo rencores, aspiro oportunidades. Retos. Me siento viva.
8:00 a.m.
Hora de partir. Hora del hogar. Un baño cálido rediseña mi estructura muscular. Resbala sobre mi piel la angustia. Y se va por el caño, de donde salió. La blanda sensación de mis labios sobre los suyos. Y un día que pinta será más que mejor.
20.3.11
Reflejos
Esa niña se parece a la infante que era hace décadas.
Esa niña va sentada en el vagón del metro frente a mi.
Me regala una mirada sincera.
Una sonrisa ingenua.
Y me recuerda la espontaneidad de mis tiempos.
Cuando creía que la vida era complicada.
(Siempre se cree que no puede ser más complicada de lo
que ya es, pero se puede, siempre se puede)
Me ve indecisa, como temiendo su futuro.
Observa el muro de acero a mi alrededor.
En sus ojos hay un horror a repetir mis patrones.
Pero nadie puede escapar a su destino.
Le digo con la mirada.
Y entablamos una conversación.
Como si fuera un monólogo interno.
Como si desaparecieran las fronteras.
La ingenuidad y la perversidad van unidas.
Una ligera frontera las separa.
Désas que una no cae en cuenta.
Hasta que cae.
Cae. Cae. Cae.
Y el castillo de papel se derrumba ante nuestros ojos.
Alcanzo a ver una pequeña súplica en sus ojos.
Antes de que su madre la tome de la mano.
Y salga por las puertas naranjas.
De los vagones que conforman la vida.
Antes de que llegue a su casa.
Donde una familia disfuncional la espera.
Donde la ausencia del padre se hace presente.
Sola ante el encierro de la gradeza de mi infancia.
Esa niña va sentada en el vagón del metro frente a mi.
Me regala una mirada sincera.
Una sonrisa ingenua.
Y me recuerda la espontaneidad de mis tiempos.
Cuando creía que la vida era complicada.
(Siempre se cree que no puede ser más complicada de lo
que ya es, pero se puede, siempre se puede)
Me ve indecisa, como temiendo su futuro.
Observa el muro de acero a mi alrededor.
En sus ojos hay un horror a repetir mis patrones.
Pero nadie puede escapar a su destino.
Le digo con la mirada.
Y entablamos una conversación.
Como si fuera un monólogo interno.
Como si desaparecieran las fronteras.
La ingenuidad y la perversidad van unidas.
Una ligera frontera las separa.
Désas que una no cae en cuenta.
Hasta que cae.
Cae. Cae. Cae.
Y el castillo de papel se derrumba ante nuestros ojos.
Alcanzo a ver una pequeña súplica en sus ojos.
Antes de que su madre la tome de la mano.
Y salga por las puertas naranjas.
De los vagones que conforman la vida.
Antes de que llegue a su casa.
Donde una familia disfuncional la espera.
Donde la ausencia del padre se hace presente.
Sola ante el encierro de la gradeza de mi infancia.
11.2.11
Tiempo de oscuridad
El ser pequeño que habita dentro de mí, ése que contradice las normas y la ética; el que me dice que haga todo lo contrario a lo que "debo" hacer; el que estuvo dormido por tres años... está despertando.
No me agrada. Odio escucharlo. Odio sentirlo. Impotencia. Quiero que se mantenga en su hibernación. Que no regrese. Maldito gnomo infernal. Estoy muy bien. Pero escucho sus palabras. Lejanas. Provienen de un abismo de soledad e incertdumbre, donde no quiero asomarme una vez más.
Pone mi mente en blanco cuando debería de estar trabajando y le da trabajo cuando debería de estar en blanco, sintiendo sin pensar.
Esta historia me suena conocida y no. Es otra etapa. No lo dejaré salir. Debo de ser fuerte. Comprender que la vida no es miel sobre hojuela... miel sobre hojuelas...
Alguien conocido desde la niñez despierta dentro de mí. Es el pequeño monstruo que desea hacer maldades. Todavía no sé qué tipo de travesuras, pero estoy segura que no es nada bueno.
Quiero golpear a alguien, pegarle hasta ver mis puños sangrar.
No soy yo... ¿o sí?
No me agrada. Odio escucharlo. Odio sentirlo. Impotencia. Quiero que se mantenga en su hibernación. Que no regrese. Maldito gnomo infernal. Estoy muy bien. Pero escucho sus palabras. Lejanas. Provienen de un abismo de soledad e incertdumbre, donde no quiero asomarme una vez más.
Pone mi mente en blanco cuando debería de estar trabajando y le da trabajo cuando debería de estar en blanco, sintiendo sin pensar.
Esta historia me suena conocida y no. Es otra etapa. No lo dejaré salir. Debo de ser fuerte. Comprender que la vida no es miel sobre hojuela... miel sobre hojuelas...
Alguien conocido desde la niñez despierta dentro de mí. Es el pequeño monstruo que desea hacer maldades. Todavía no sé qué tipo de travesuras, pero estoy segura que no es nada bueno.
Quiero golpear a alguien, pegarle hasta ver mis puños sangrar.
No soy yo... ¿o sí?
10.1.11
Me dejé llevar, no luché contracorriente.
Me sumergí, dejé de respirar. La corriente me llevó, como vil camarón dormido.
Y fue estupendo.
Dejar de pensar, y sentir, sentir hasta que la piel me doliera.
Una caminata a cinco grados. La piel revive. La mente rejuvenece. Después de los minutos de odio y venganza, vino la paz y la comprensión.
Todo pasa, aunque tratemos de retener el tiempo, aunque duela en las entrañas el pasado, lo cierto es que no hay caso.
Un respiro.
Una buena rolita.
Despertar eternamente.
Pero vivir en la ensoñación convulsa y casi apopléjica. Ya no importa.
Las cosas alrededor pueden volverse un papalote, dejar de existir. Yo misma puedo hacerlo.
No importa.
He vivido al límite. Me gusta arriesgar.
Apostarme.
Hasta reventar.
12.12.10
Reflexiones escriturales
Ayer aprendí algo nuevo de la fotografía, aunque no es algo que no supiera del arte en general. Nada está escrito, todo puede hacerse, no hay límites más que los que uno mismo se pone. Uno es su peor juez, su represor más astuto, su limitante más fuerte.
Siempre me ha gustado la fotografía, el arte en general, pero yo soy la primera en ponerme las barreras necesarias para no hacer lo que se me plazca, lo que se me venga en gana; siempre están mis ojos juiciosos y quisquillosos detrás de mi obra sin manufacturar. Debo liberarme de mí misma, de mis prejuicios, dejarme ser tal y como soy, despertar mi inoconsciente, anesteciar a mi yo, a mi ego que quiere hacer todo perfecto, sin errores, ¿será mi complejo de correctora? Siempre estar tras la sombra del escritor, decir "esto lo hubiera hecho mejor", pero no dar el paso para así realizarlo.
Palabras, todo queda en palabras. Mi arte se reduce a mi mente, al acompañamiento de las ideas intangibles. Comenzaré a calentar mis dedos fríos. Ponerlos en movimiento, ejercitárlos, incitarlos a la agonía placentara de la escritura. Dejar de ser para que salga la verdadera yo, materializar lo no material.
Soy una madre regañona, de esas que dice "no te agarres ahí, es sucio". Lo peor es que no puedo dar a luz, no me lo permito, me está vedado.
El primer acto de la obra está comenzado. Hay que escribir el segundo.
Siempre me ha gustado la fotografía, el arte en general, pero yo soy la primera en ponerme las barreras necesarias para no hacer lo que se me plazca, lo que se me venga en gana; siempre están mis ojos juiciosos y quisquillosos detrás de mi obra sin manufacturar. Debo liberarme de mí misma, de mis prejuicios, dejarme ser tal y como soy, despertar mi inoconsciente, anesteciar a mi yo, a mi ego que quiere hacer todo perfecto, sin errores, ¿será mi complejo de correctora? Siempre estar tras la sombra del escritor, decir "esto lo hubiera hecho mejor", pero no dar el paso para así realizarlo.
Palabras, todo queda en palabras. Mi arte se reduce a mi mente, al acompañamiento de las ideas intangibles. Comenzaré a calentar mis dedos fríos. Ponerlos en movimiento, ejercitárlos, incitarlos a la agonía placentara de la escritura. Dejar de ser para que salga la verdadera yo, materializar lo no material.
Soy una madre regañona, de esas que dice "no te agarres ahí, es sucio". Lo peor es que no puedo dar a luz, no me lo permito, me está vedado.
El primer acto de la obra está comenzado. Hay que escribir el segundo.
19.11.10
Cheleando con estilo
Texto publicado en Revistas H para Hombres mes de octubre en la sección "Barra Libre"
Las mexicanas son suavecitas, las belgas dulces, las alemanas son más darkys, oscuras pues, y las españolas las más fáciles… de reconocer. Aunque varía mucho según su zona geográfica de procedencia, la cerveza es rica aquí y en China, tan sabrosa como una mujer ¿o no, mi brother?
Por: M.J. Ruiz
Aunque sabemos que sólo te dedicas a chuparlas, es importante que conozcas los tipos de cervezas que existe, así podrás saber lo que te llevas a la boca. Hay alrededor de 700 tipos que se dividen ya sea por su color, densidad, sabor (afrutada, floral o chocolatosa), contenido de alcohol, proceso o productos utilizados. La cerveza es el resultado de la fermentación de cereales germinados en agua con levadura: existen de arroz, trigo, mijo, pero la más común es de cebada; una vez fermentada se deja germinar para que el almidón se convierta en azúcar soluble y si se quiere amarga, se le agrega lúpulo al tiempo de ebullición, después se le agrega azúcar y se le deja reposar. Ahí la tienes: una chela artesanal con categoría. ¿Fácil no?Y como nos interesa que seas todo un conocedor, aquí te va una breve guía para que disfrutes de distintas cheves y dejes por un rato a tus consentidas, de esta manera te convertirás en todo un experto de sus variedades, y de pilón te damos el pretexto ideal para invitar a pistear a esa chava que tienes en la mira: ¡A degustar una buena chela!
Ale
País: Islas Británicas.Fermentación: Alta y en caliente (15 a 25 grados).
Características: Aroma afrutado, gran diversidad de tonos y sabores.
Variedad: Pale Ale, India Pale, entre otras.
Grado de alcohol: 5%
Representantes en México: Casta (MTY), Peyote India (BCS), Tijuana Light (TIJ), Calavera American Pale Ale (GDL), Tempus Dorada (D.F.)
Stout
País: Irlanda.Fermentación: Alta.
Características: Muy oscura, cremosa y acidez afrutada; sabor tostado y profundo.
Variedad: Sweet Stout (dulce), Dry Stout e Imperial Stout.
Grado de alcohol: de 3.75 a 10%
Representantes en México: Minerva Stout (GDL), Luna llena (D.F.), Oatmeal Stout (BCS), Calavera Mexican Imperial Stout (GDL).
Lager
País: Alemania.Fermentación: Baja, cercana a los cero grados durante dos meses.
Características: Color claro y brillante con aroma discreto.
Variedad: Rubia, Light, Pilsen, American.
Grado de alcohol: 3.1 a 6%
Representantes en México: Mexicali (MXL), Cucapá Lager (MXL), Corona (D.F.), Calavera Oktobeer Fest (GDL)
Porter
País: Gran Bretaña.Fermentación: Baja.
Características: Color oscuro y, a menudo, alto grado de alcohol, cuerpo medio, sabor y aroma con toques amargos.
Variedad: Robusta y Victorian.
Grado de alcohol: 5%
Representantes en México: Potro (Guanajuato), Magna (GDL), Caballero Águila (Guanajuato), Jack (D.F.).
Viena
País: Austria.Fermentación: Baja.
Características: Color ámbar rojizo y sabor amargo moderado.
Variedad: Tan buena que es única en su estilo.
Grado de alcohol: 5%
Representantes en México: Indio (MTY), Minerva Viena (GDL), Bohemia Oscura (MTY), Victoria (D.F.).
5 Razones para chelear
—Alta en vitaminas, proteínas, fibras y carbohidratos—No necesitarás ni comer.—Mejora la circulación y favorece la digestión—Aunque no evita la panza chelera.
—Estimula el flujo de la leche materna—¿Crees que no te favorece? Piénsalo.
—Carece de grasas y tiene menos calorías que un refresco—A empezar la dieta.
—Reduce el estrés—¿Te mandaron a volar? ¿Perdiste tu empleo? ¡Tómate una chela!
Curiosidades
— La espuma de la cerveza recibe el nombre de “giste”.— BrewDog es la cerveza más fuerte del mundo con 55° de alcohol y embotellada en animales disecados. Su precio es de 885 USD por botella.
26.9.10
Breve Guía de Cuernavaca
No era nuestra intención quedarnos tanto tiempo, pero la ciudad lo ameritaba.
Después de preguntar el costo por noche por varios hoteles del centro de la ciudad, nos decidimos por el Hotel Juárez, ubicado en la Av. Nezahualcoyotl, casi frente al museo Robert Brady: un lugar muy céntrico (a espaldas de catedral), con una pequeña alberca que cumple con su función y la mayoría de las habitaciones son espaciosas y limpias; tiene televisión (aunque no cuenta con cable) y agua caliente. Un lugar perfecto si lo que quieres es pasártela recorriendo el estado de Morelos, más que irte a encerrar en un hotel.
(Hotel Juárez)
Reccorrido
Catedral. La construcción es impresionante y data de la época de la conquista, una de las iglesias más antiguas (1526). A lo largo de su historia, se le fueron agregando capillas alrededor, cada una con su propio estilo arquitéctonico, lo que le da un toque de originalidad. Las paredes son hermosas, ya que se han ido deteriorando con la humedad que impregna todo en Morelos.(Catedral de Cuernavaca)
Museo de la ciudad (Av. Morelos # 278, a un costado de la catedral). Tiene exposiciones temporales, la entrada no tiene costo y se recorre en 15 minutos.
(Lago Jardín Borda)
Jardín Borda. (Av. Morelos #271). Fue la casa de descanso de Maximiliano y Carlota. Cuenta con salas de exposiciones, lagos (en uno de los cuales se puede remar), un exquisito jardín botánico (para los que gustamos de la herbolárea), fuentes, espacios para talleres y un auditorio. Un lugar ideal para descansar y caminar un poco sin dejar de contemplar la naturaleza que tanto caracteriza a Cuernavaca. La entrada tiene un costo y los domingos es entrada libre.
(Tepoztlán)
(Pirámide del Tepozteco)
(Vista de Tepoztlán desde la Pirámide)
(Arco hecho de semillas)
(Recorrido del tepozteco)
Tepoztlán. La mejor manera de ir a Tepoztlán (si no se trae carro) es en transporte público urbano, el cual sale en Av. Morelos y cobra 16 pesos por persona. En, aproximadamente, una hora estarás en un clima totalmente distinto: mucho más fresco, pues está rodeada de verdes montañas. El camión te deja a unas tres cuadras del centro del pueblo y llegas fácilmente caminando. Hay una plazuela, el mercado, la catedral, el arco (hecho con semillas) y al fondo verás el cerro del Tepozteco. Uno no puede ir y dejar de subirlo, son 2 km y 250 metros de recorrido que bien valen la pena: hermosos paisajes, humedad latente, aire nuevo, insectos exóticos y mucho sudor. Recomendable llevar agua, tenis y un paraguas (por aquello que uno nunca sabe cuándo lloverá). En la cima encontrarás una pirámide y una vista panorámica de la ciudad. El costo por entrar es de 35 pesos y si deseas tomar video son 45 pesos más. Al bajar, por las calles empedradas hay varios puestos de venta de souvenirs. Recomendable comprar miel y comer ya sea pollo a las brasas o unas quesadillas acompañado por una cerveza bien fría. Puedes regresar en camión o un taxi te cobrará aproximadamente 150 pesos.
Plaza del Zacate. Después de la caminata, es bien merecido un poco de divertimiento espiritual: los bares de la plaza del Zacate en Cuernavaca son la opción. Hay de todo tipo, con música ranchera, rock, cumbia, kareoke, de comida y es muy barato, casi todos tienen 2 x 1 en bebidas y en pormedio salen a 35 pesos ya por las dos. Hay vendores ambulantes a quienes se les puede comprar botanas.
(Palacio de Cortés)
Centro de noche. La iluminación que tienen el ayuntamiento y el Palacio de Cortés (construcción más antigua de latinoamerica, en la cual vivió Hernán Cortés y está construido sobre vestigios arqueolgicos) son más que vistozos. Uno puede sentarse a comer un elote mientras se admiran los juegos de luces.
(Teopanzolco)
Recorrido a Teopanzolco. Frente al Palacio de Cortés salen los turibuses con cinco tipos de recorridos distintos. Dura de 1 a 2 horas por un costo de 45 pesos. Decidimos tomar el tour que nos llevaba a las ruinas de Teopanzolco —palabra nahuatl que significa "templo viejo"—. La persona encargada del recorrido es bastante amena y explica los lugares históricos de Cuernavaca. Las pirámides son las mejor conservadas de México ya que estuvieron cubiertas durante mucho tiempo, pero la explicación la dejo para el recorrido.
Xochicalco. Los autobuses Pullman tienen salidas sólo en horario de 9:30 a.m. por 38 pesos, pero como llegamos tarde nos fuimos en taxi y nos cobró 200 pesos. Xochicalco está en medio de la nada, por lo que es aconsejable llevar desde cuernavaca agua, bloqueador, sombrero o gorra y, de ser posible, repelente de insectos, pues hay bastantes mosquitos. La entrada tiene un costo de 51 pesos (estudiantes y maestros están excentos), y con el mismo boleto entras al museo del lugar, donde te explican la cultura Xochicalca. (Después subo las fotos)
Museo Robert Brady. En éste se expone la colección personal de este personaje norteamericano. La casa es preciosa y en cada cuarto se exhiben tanto muesbles y decoración como pinturas de diego Rivera y Frida Khalo, así como objetos de artesanía de todo el mundo. La terraza es ideal para tomarse un café. La recomendación es el capuccino. Tiene un costo de 35 pesos, estudiantes y maestros excentos de pago. (Después subo las fotos)
Mercado de artesanías. No es nada especial, pero sí se encuentran souvenirs más baratos que en tiendas establecidas. Nosotros compramos chinelos que son representativos del Estado de Morelos. Un tip: en uno de los puestos del principio venten hielitos (bolis, congeladas) a 8 pesos de fruta natural, riquísmos.
No pudimos conocer todo lo que hubiérmos querido, pero para cuatro días nos pareció más que suficiente. Es seguro que volvamos a ir, el clima es cálido aun con lluvia y su gente amable, aunque por la misma ciudad con clima de "eterna primavera" abundan las abejas y te persiguen, pero los oriundos ya están más que acostumbrados a lidiar con ellas.
(Chinelos)
20.9.10
Hay un hueco en mi estómago. Sabía que esto sucedería, pero no lo temía. Ya no sé dónde está mi casa. Soy parte del mundo. Ya no pertenezco a ninguna parte. Y, sin embargo, me siento tan poseída de la frontera y del centro a la vez... Soy una grieta en el sistema. Una especie en peligro de extinción, que no acaba de extinguirse. Estoy cansada de sentir tanto. Mi cuerpo no da para más. Y da para más. No puede. Y sigue.
Mi hogar ha cambiado, pero sigue intacto dentro de mí. Foránea en mi país. Residente del universo. Escudriño mis interiores para conocerme, pero cada vez me desconozco más. Me confieso y poco a poco recomienzo, averiguo, sé más de nadie y menos de todos.
Mostrar. Sentir. Experimentar. El norte se queda bajo mi dermis y se manifiesta por mis ojos. El centro está fuera y sale por mi boca. El sur. El sur. Ése lo guardo para mis adentros.
Sólo yo (y él) lo saben.
1.8.10
La poética del boxeo
Campana. Los oponentes al centro. Juego de pies. Uno adelante. Otro atrás. Cambio imprevisto. Los ojos fijos en el rival. Los puños bien cerrados. Envueltos. La furia. Abierta. Un derechazo. Movimiento de cabeza. La izquierda roza. La derecha. En el hígado. Tambaleo. Pierde los pies. Los recupera. Falta de aliento. Golpes. Golpes. Boca de estómago. Apunto. Del knockout. Suena la campana. Heridas. Sangre. Agua. Aceite. Apuestas. Ring. Combate. Cabezazo. Punto menos. Deseperación en los puños. Cansancio. Tregua. Combate. Jab. Directo a las cuerdas. Referi interfiere. Comienza el conteo. Sigue. Combate. Un cross inesperado. rado. rado. rado... campana. Salvado. Más fuerza. Más golpes. Acércate. Brazos cortos. Aléjate. Brazos largos. Golpes en el hígado. Golpea la cabeza. Tercer asalto. Cansados. Dispuestos. Lucha. Guante a guante. Aguante. Jugadas limpias. Ganchos. Cuerdas. En guardia. Defensa. Defensa. Golpes. Uno. Dos. Sigue. Mixta. Contacto. Quinto round. El fuerte baja. El débil. Ya no lo es. Hitman. Hitman. Cuerdas. Suelo. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Knockout. La pelea. Ha terminado. Nuevo campeón. Peso. Pluma.
21.6.10
Fin de semana
A pesar del pequeño incidente con mi ojo, puedo decir que este fin de semana fue perfecto. Hace tiempo que el tiempo no era tan mi aliado, tan mi cómplice. Otro día del padre sin padre y con mucha madre.
Un fin de semana acompañada de Siqueiros, Herzog y nuevas formas de arte; sopa miso y sushi en mi plato, agua mineral con limón; lluviecita rica para el alma; libros; Woody y Buzz; desayuno con churro, café. escritura, escritura y corrección; compras y ceviche. Para finalizar cheve, clamato y aceitunas. Pero la mejor aceituna fue en la madrugada.
Fin de semana. A pesar de las pérdidas literarias, a pesar de mí misma...
Un fin de semana acompañada de Siqueiros, Herzog y nuevas formas de arte; sopa miso y sushi en mi plato, agua mineral con limón; lluviecita rica para el alma; libros; Woody y Buzz; desayuno con churro, café. escritura, escritura y corrección; compras y ceviche. Para finalizar cheve, clamato y aceitunas. Pero la mejor aceituna fue en la madrugada.
Fin de semana. A pesar de las pérdidas literarias, a pesar de mí misma...
11.6.10
Replicante/ Otro poema
Este mes en Replicante: El lado oscuro del balón.
Les dejo el link de mi poema, publicado en la misma edición:
http://revistareplicante.com/literatura/poesia/posiciones-de-tiro/
Les dejo el link de mi poema, publicado en la misma edición:
http://revistareplicante.com/literatura/poesia/posiciones-de-tiro/
31.5.10
Soñé
Soñé que mi madre moría. No por muerte natural. No en un accidente. No por una enfermedad lenta y dolorosa. Soñé que preparaba una sopa. Antes de probarla, la contemplaba. En su mente pasaba su vida entera. Sólo los momentos malos. Los días en que creía haber errado. Todo lo que pudo haber hecho mal. No lo pensó mucho. Tomó un frasco con un líquido que no alcancé a distinguir. Tampoco la etiqueta. Lo vació. A su sopa. Caliente. Humeante. Yo estaba ahí. Era una simple espectadora. Pero sentía la calidez del caldo. Y percibía su tristeza a cuestas. Podía sentir esa cadena de la que quería deshacerse. Sentí el dolor del abandono de sus hijas. Sentí el dolor del parto. Pero el dolor del desprendimiento del cordon umbilical fue aún peor. Soñé que mi madre moría. Le daba un sorbo a su sopa. Y moría un recuerdo. Yo era espectadora de su acto. Un segundo sorbo y se borro el abondono de mi padre. Su cuerpo y su mente iban sediendo a la nada. Yo la veía. Estiraba una mano. No la alcancé. Al tercer sorbo se desprendió del nacimiento de sus tres hijas. No llegó al quito. Al cuarto olvidó su infancia. Esa que también le causó tanto dolor. Soñé que mi madre moría. No por muerte natural. No en un accidente. No de una enfermedad lenta y dolorosa. Soñe que ella preparó. Su propia pósima. Su propio final. Su olvido.
Cuando desperté, de madrugada, pensé en la última vez que la vi. Un llanto cruel acudió, no a mis ojos, sino a mi alma. Recordé el mensaje que recibí minutos antes de subirme al avión. "Hija, no te di la bendición, pero sabes que siempre la llevas contigo"
Soñé que mi madre moría. Y me convertía en huérfana. Desamparada. Desahuciada. Me convertía en olvido.
Cuando desperté, de madrugada, pensé en la última vez que la vi. Un llanto cruel acudió, no a mis ojos, sino a mi alma. Recordé el mensaje que recibí minutos antes de subirme al avión. "Hija, no te di la bendición, pero sabes que siempre la llevas contigo"
Soñé que mi madre moría. Y me convertía en huérfana. Desamparada. Desahuciada. Me convertía en olvido.
26.5.10
Un poema/ Un link
Les dejo el link de la revista aBrace, los cuales publicaron un poema mío.
http://www.abracecultura.com/
23.5.10
Isko akumal
¡Copuxco, copuxco!
Chevereve, cheverava.
Ixquinio et le dupersia,
comoforto fo do marga,
¿fo do marga eco la pirta?
Esco iglerra, esco soporro.
¡Copuxco, copuxco!
Etzenio le exparra
Isko ne grassa,
isko terna se
ig he masma,
ig sut pela.
Nerraza ocusalo uruca
usurela permasa la iglerra,
sabendósa uta la pasa.
¡Copuxco, copuxco!
Chevereve, cheverava:
Calcicafa, calzierra
le oporfasa ne
conjurre,
ijorusca he sela
terna se isko;
la mama sut inguza
jercume ig ne torla, torla…
Malicento in extaciuda,
¡Pam, pam, pam! soná la torla,
e meo casa, e meo foruna.
Calo tambiáse,
Ícalo recaze, ixcano le “pam”,
ixcano e le canuxo.
¡Copuxco, copuxco!
Ne chevereve,
nan cheverava.
Chevereve, cheverava.
Ixquinio et le dupersia,
comoforto fo do marga,
¿fo do marga eco la pirta?
Esco iglerra, esco soporro.
¡Copuxco, copuxco!
Etzenio le exparra
Isko ne grassa,
isko terna se
ig he masma,
ig sut pela.
Nerraza ocusalo uruca
usurela permasa la iglerra,
sabendósa uta la pasa.
¡Copuxco, copuxco!
Chevereve, cheverava:
Calcicafa, calzierra
le oporfasa ne
conjurre,
ijorusca he sela
terna se isko;
la mama sut inguza
jercume ig ne torla, torla…
Malicento in extaciuda,
¡Pam, pam, pam! soná la torla,
e meo casa, e meo foruna.
Calo tambiáse,
Ícalo recaze, ixcano le “pam”,
ixcano e le canuxo.
¡Copuxco, copuxco!
Ne chevereve,
nan cheverava.
16.5.10
Campanas vacías
Campanadas vacías
se repiten:
una tras otra
hasta agotarse el agua,
hasta derramarse
en llanto.
La calle es tímida
y hay temblor entre
sus piedras cosidas:
pesan los pasos forasteros,
enamorarse de ellos
y luego dejarlos ir.
No soy la única en busca
de la infancia paterna,
de la mano ya muerta
de su progenitor.
Hay otro en aquella orilla
que me sigue como acto
de reflejo. Hay alguien
que sigue mis pasos,
y al tiempo contempla
la brisa,
y en el mismo acto busca
a su padre como yo.
Hay otro
que sigue mi mirada
en las noches con cautela
me despierta de madrugada
busca mi sombra, la desbarata.
No es quien cuida
mis pasos, es otro
que repite el eco
de las campanas vacías.
11.5.10
Mayo
En confusión
no sé a dónde voy
- Dormimos en el convento para no pagar hospedaje
- ¿Le harás algo a tu mamá?
- No somos de los que festejamos
fechas importantes
Confundo a alguien con mi madre
- ¿Qué estudia tu hermano?
- Estudió diseño gráfico
- ¿Terminó?
Se encoge de hombros
Era pelirroja, igual que ella
y tenía una bolsa
como la que ella usaría
- Voy a agregar a tu mamá
al facebook
- No la tengo ni yo
Centro médico. Escaleras llenas.
Rumbo a Universidad
Rebasar. Rebasar. Rebasar.
Es el objetivo
Policía-detecta-metales.
"Policías" que se creen policías.
Encontrar un lugar
mi lugar
donde sentarme
donde poder ser yo.
Zapatillas de ballet
jugo de naranja (malo)
un bastón para sostenerme
Mi lugar me fue negado.
En Etiopía la gente es blanca
vende pañuelos desechables,
pañuelos de bolsillo
a cuatro pesos
o dos por cinco pesos.
La gente compra
le escurre la nariz
por los oídos.
Eugenia es menos amigable
nadie sube, nadie baja
todos miran a todos
y evitan los ojos.
No hablan en División
pero encuentro mi lugar
junto a una desconocida
que sueña
que no es Sylvia Plath
13.4.10
Insistes
insistes
insistes
pero ¿qué te ha dado?
por qué vuelves y vuelves
y no paras de volver
eres como una letanía
repetitiva
larga
insufrible
regresas
¿a qué?
¿olvisate algo?
¿te llamaron?
no
la ausencia
el menosprecio
te tiene ahí
te aferras
a un hilo invisible
una marioneta
de sentimientos
¿qué quieres?
¿qué buscas?
un desplante más
es lo único
que obtienes
lo único
que obtendrás
no digas
que no te lo advertí
miserable alma
en el limbo
de tus emociones
21.3.10
27 años
En estos tres últimos días de festejos recibí los siguientes regalos:
- Una buena plática con cheves tapatías: Minerva stout, Duff
- Amor, mucho.
- Paseo por San Angel Inn
- Un anillo (grande y original)
- Visita a la casa-estudio Diego Rivera
- Comida auténticamente japonesa
- Una blusa negra, un saco negro
- Una buena película en el cine (La isla siniestra)
- Noticias del impero, Fernando del Paso
- Amor, mucho
- Cuatro mensajes en la madrugada
- Muchos más en el transcurso del día
- Una cucaracha en el dasayuno
- Una presentación en Bellas Artes
- Un martini con una vista bella
- Un paseo por el zócalo
- La idea para un proyecto
- Voces familiares por el teléfono
- Una comida italiana artesanal
- Una fotografía de mi hija
- Tulipanes ficticios
- Un momento para escribir
- Amor, mucho
Y todavía mi cumpleaños no termina...
- Una buena plática con cheves tapatías: Minerva stout, Duff
- Amor, mucho.
- Paseo por San Angel Inn
- Un anillo (grande y original)
- Visita a la casa-estudio Diego Rivera
- Comida auténticamente japonesa
- Una blusa negra, un saco negro
- Una buena película en el cine (La isla siniestra)
- Noticias del impero, Fernando del Paso
- Amor, mucho
- Cuatro mensajes en la madrugada
- Muchos más en el transcurso del día
- Una cucaracha en el dasayuno
- Una presentación en Bellas Artes
- Un martini con una vista bella
- Un paseo por el zócalo
- La idea para un proyecto
- Voces familiares por el teléfono
- Una comida italiana artesanal
- Una fotografía de mi hija
- Tulipanes ficticios
- Un momento para escribir
- Amor, mucho
Y todavía mi cumpleaños no termina...
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